Un cuento Chino – Capítulo I: Beijing

El efecto papagayo

China se empezó a hacer presente a partir de la escala que me tocó hacer en Washington, de allí en adelante comencé a sentirme extranjero, o más bien como un naufrago navegando contra la corriente en un mar ojos rasgados. En seguida se notó el contraste cultural, arrancando por la manera en que la gente (ya 99% chinos) se comportaba en la cabina del avión (Aunque debo confesar que todo se me hacia exacerbado por el murmullo de sonidos incomprensibles y las revistas, libros o notebooks que me enrostraban un laberinto de caracteres misteriosos). Todo el mundo se paseaba descalzo por los pasillos, el volumen de las conversaciones superaba los estándares y las miradas se notaban mas confianzudas de las que hubiese recibido jamás.

A partir de ese momento, me fui acostumbrando a ser observado cual si fuese una especie de pajarraco tropical exótico en peligro de extinción (cosa que fue una constante durante el viaje y de ahora en más denominaré como “el efecto papagayo”). Si bien en un principio me divertía toda la situación, en algún punto empecé a sentir que eso que damos en llamar “el lugar del otro”, no tenía traducción al idioma chino. El hecho de que nadie respetara la fila para subir al avión se repitió a la hora de usar el baño durante el viaje, cuando descendimos del avión y al buscar el equipaje. La primera reacción fue de incomodidad, pero de a poco me fui adaptando y, siguiendo el refrán: “A donde fueres haz lo que vieres”, empecé a abrirme paso entre la multitud como un clásico 9 de área, que va a buscar un centro al punto del penal.

Todo comenzó a tomar un poco mas de sentido cuando caí en la cuenta de que había llegado al país de la “hora pico”. En china todo es de dimensiones gigantescas, pero la cantidad de personas es tal, que uno termina por entender que “el lugar del otro” (o el lugar de uno) se ve reducido obligatoriamente a la mínima expresión. Convivir entre 1200 millones de personas hace imprescindible disputar cada centímetro cuadrado. Mientras más rápido el viajero asimile esta idea, mejor, ya que le va a permitir disfrutar plenamente de este ”otro mundo” que es el oriente. Y créanme que lo de “otro mundo” no es ningún eufemismo.

A esta larga introducción todavía hay que agregarle, que la cultura china, es una cultura milenaria aislada de la nuestra, no solo por el lenguaje, sino que también por circunstancias geopolíticas. Al estar del lado comunista del planeta, desde nuestro punto de vista (occidental) es como si estuviera situada en el lado oscuro de la luna. Si bien la globalización económica les llego desde bien temprano, la globalización cultural (por lo menos desde mi punto de vista) les empezó a llegar con más ímpetu, a partir de las olimpiadas de Beijing 2008. Con lo cual, ellos también hace poco que están empezando a conocernos. Todo este bricolaje de circunstancias, hace que un viaje por china, resulte ser una mezcla entre un viaje al pasado y un viaje a la dimensión desconocida.

teatro chino cultura

Empezando a conocer Beijing

Fui a China en Febrero del año 2009, aunque en realidad parte de mí ya estaba en allí desde mediados del 2008, cuando Rocío (mi compañera de viaje, que a esa altura ya era mi compañera de vida) se lanzó a la aventura de aprender chino, viviendo en China por un año. Desde que ella se instaló en Beijing, nuestro viaje por China fue tomando dimensión en mí, a través de sus relatos y de las ganas de volver a verla. En ese lapso Rocío pudo aprender lo básico como para poder arreglárnosla por nuestra cuenta. Si bien, con un poco de inglés hubiese sido posible movernos, el hecho de entender el idioma local, nos abrió puertas que de otra manera hubiesen permanecido cerradas. Cabe aclarar que el viaje fue un viaje mochilero 100%. La mirada que puedo ofrecerles de China es una mirada callejera. Lo único que hicimos a través de agencia fue el viaje por el Tíbet ya que en la época en que viajé a China, la cosa en el Tíbet estaba caliente y solo se podía acceder con permisos especiales, que eran mucho más fáciles de conseguir si los gestionaba una agencia de turismo.

El itinerario que seguimos, a grandes rasgos, fue el siguiente:
1) BEIJIN (Introducción a la dimensión desconocida)
2) LHASA (Tíbet) (Un viaje al pasado)
3) XI’AN-CHENGDU- JIUZHAIGOU (Megalomanía y Naturaleza)
4) SANYA- BEIJING (Mar del sur de la china, bizarren party)

Entre ciudad y ciudad fuimos conociendo pueblitos pequeños en los cuales estuvimos “de pasada” y que nos sirvieron para acercarnos a las diferentes culturas que dan forma este país inmenso. El tercer país más grande del mundo en territorio, con una historia que se remonta al año 2200 AC, donde conviven 55 etnias diferentes, con sus respectivos dialectos (si si, en cada región hay un dialecto, con lo cual saber chino no asegura comunicación plena).

Beijing, introducción a la dimensión desconocida

Beijing es la capital política y cultural de china, desde donde la etnia Han se proyectó sobre el resto, llegando a representar el 92% de la población china (y el 20% de la población mundial). Dato bastante inútil para la mayoría de nosotros. Ya que, salvo eruditos o quien haya vivido un buen tiempo allí, para el resto (me incluyo), todos los chinos son iguales (Sin desmerecer eh, ya que para los chinos ocurre lo opuesto, todos los occidentales somos iguales).

La primera impresión, da una idea de la obsesión china por la inmensidad. El aeropuerto de Beijing es el más grande del mundo. Dentro del aeropuerto hay que desplazarse en un tren que une las diferentes terminales con el metro que lleva al centro de la ciudad. En ese millón de metros cuadrados se ve drásticamente disminuido el “efecto papagayo”, pero ni bien uno sube al metro y este se introduce en los diferentes anillos urbanos en que está organizado Beijing, el “efecto papagayo” comienza desplegar sus alas. Y subido en un pajarraco uno comienza a penetrar en la dimensión desconocida que es la cultura oriental.

hutongs baby nene

A medida que el metro avanza se multiplica el número de personas que ni bien sube al vagón nos clava la mirada, y la manera de vestir de los pasajeros nos comienza a llamar la atención. En algún momento de su historia, entre la población masculina, debe haberse declarado una epidemia de ojotas con medias que no pudo ser mitigada y se convirtió en endémica. Evidentemente para hacer frente a esta epidemia el ministerio de salud pública optó por repartir mocasines con hebilla y pantalones de lino con botamanga cortita.

La diferencia generacional en el vestir es muy marcada. Entre los más veteranos se nota muchísimo la uniformidad heredada del comunismo (hay 3 maneras de combinar camisa, pantalón y calzado que se repiten infinitamente solo variando el tono), mientras que entre los jóvenes la heterogeneidad manda y se deja ver una incipiente influencia occidental. En las mujeres mucho más ecléctico el estilo que en los hombres. En aquel momento había un auge del estilo “Sailor Moon”. Gran cantidad de jóvenes chinas con polleritas cortísimas, botas hasta la rodilla y medias de red. Las chinas son súper-coquetas y se producen con tal frenesí, que las peluquerías deben representar algo así como el 60% de los locales comerciales. Hay un elemento fundamental en la combinación, que se incorpora a la moda china por la fuerza (sin distinguir generación ni sexo). El barbijo no puede faltar. La opción al barbijo es el EPOC. Hay un severo problema de polución y aunque no sea un día nublado, el sol apenas se ve.

matias en el templo beijing

Desde las ventanas del metro ya se divisan enjambres de bicicletas, que resultan ser el medio de transporte por excelencia en este país. Andan por todos lados en bicicleta. Por la vereda, por la calle, a contramano y a contrapelo. Yo no lo vi, pero estoy convencido, que por el agua también deben andar en bicicleta.

Detrás de las imágenes también se van colando los aromas. La comida en China es algo maravilloso, está constantemente presente en la cotidianeidad de la población, es parte de la medicina tradicional china, forma parte de su religión y sobre todo es parte del paisaje. Se puede armar un post específico sobre la comida china y les podría contar desde lo sabrosa que es la carne de perro, la sopa de tortuga y los brochettes de alacrán, pero los estaría chamuyando porque no tuve bolas para probar esas cosas. Bueh al brochette de alacrán le entré y la verdad vale la pena. A lo que no me le animé tampoco, y es un claro ejemplo de que la comida atraviesa transversalmente toda su cultura, son las manitos de gallina. También se les llama “talones de fénix”. El pollo forma parte de la simbología china del fénix y el dragón y representa la unión familiar. Esas patas serán de fénix pero yo les escapé como a la peste.

patas de gallinas beijing
Las famosas patitas de gallina
patas de gallinas beijing

Cultura y simbología China

Simbología es la palabra exacta para describir como se para un chino frente al mundo. Todo en la cultura china pasa a través de los símbolos. Todo está teñido de espiritualidad, hasta en las cosas más simples. Ejemplo, al entrar a un restaurant difícilmente puedan sentarse en la mesa “8” puesto que el carácter chino para el “8” es el mismo que para la palabra “suerte” y esa es siempre la mesa más codiciada. Son cabuleros a muerte, dicen que la religión principal es el Budismo, no conozco mucho de religiones pero (por lo supersticioso) el budismo, pareciera ser una rama del Bilardismo. Para todo tienen siempre una leyenda a mano y de hecho tienen fiestas nacionales (Fiesta de la luna) basadas en leyendas.

hutongs baby nene

En Beijing hay infinidad de actividades para el turista. Pero ya que tamos con los símbolos a full, dentro de los lugares simbólicos de esta ciudad los que nosotros visitamos fueron los siguientes: Palacio de verano, Barrios tradiciones o Hutongs (donde se encuentran las típicas casas Siheyuan ), La plaza Tian’anmen (Mausoleo de Mao Zedong), Ciudad Prohibida y obviamente la Muralla China. Todos estos lugares son fácilmente accesibles con trasporte público (Metro o Bondi), si te das maña con el inglés en Beijing te la podes rebuscar de diez para preguntar cómo llegar o donde bajarse. Si hablás Chino como mi cumpa Rocío, fuma bajo el agua que llegas seguro. Y sino excursión (se pueden contratar por internet o en el hotel/hostel donde te hospedes) quédate tranqui que se van a dar cuenta que sos turista y te van a ofrecer excursiones a lo pavote por todos lados.

hutongs
hutongs
comedor chino

Salvo en los Hutongs, que son igualitos a los de la peli de Richard Gere, Red Corner (laberinto rojo). Barrios de pasillos largos con paredes grises cuya monotonía se interrumpe cada tanto por puertas de madera decoradas a lo chinoca. En ciertas casas (que son casas-museos donde vivieron chinos famosos) se puede entrar y dar un paseo por el típico patio central con arbolitos y aljibe rodeado de habitaciones por los 4 costados, lo que da el nombre a las casas (si he yuan = Patio rodeado de 4 edificios). Salvo estos barrios, el resto son monumentos a la inmensidad, y a la necesidad de trascendencia que tuvieron los líderes chinos a través de la historia.

palacio de verano
palacio de verano

El palacio de verano

(Patrimonio de la humanidad según la UNESCO) es una locura, es en vano intentar describirlo, una obra de arte. Cada rincón un detalle, cada detalle una leyenda … suena agobiante, pero increíblemente uno no se cansa nunca de recorrerlo sacando fotos e imaginándose lo bien que la habrán pasado los emperadores bacanazos que tenían tremendo rancho solo pal verano, ma-mi-ta!! Y lo mas loco es que se lo hicieron gratarola. El emperador en su momento era dueño de todo lo q estaba dentro de sus dominios, hasta de la vida de las personas que allí habitaban. Así que, o le colocabas bien las venecitas de ñoba ,o te cortaba las bolas y el “gomía”. Te hacía eunuco y te mandaba a cuidar sus concubinas. Y lo único que podías hacer en represalia era putiarlo con la voz finita (y en voz baja xq si te escuchaba agarrate catalina).

palacio de verano

La plaza Tian’anmen

es la famosa plaza (para nosotros los occidentales es famosa por esto) donde el chinito de anteojos “pechea” un tanque de guerra durante la Gran Revuelta en 1989. Para los chinos es el símbolo del nacimiento de la China Comunista, ya que fue creada en 1949 luego de la revolución que llevo al poder a Mao. Alrededor de la Plaza esta la Ciudad Prohibida (fue le palacio imperial durante la dinastía Ming construido en el 1400 y también patrimonio de la humanidad según UNESCO), La gran Asamblea popular y el museo de la Revolución. En el centro de la Plaza está el Mausoleo de Mao.

plaza tiananmen china
ciudad prohibida buda

La ciudad prohibida

es increíblemente más compleja y hermosa que el palacio de verano. Y enfrenta al viajero con un desafío. El desafío de no perder la capacidad de asombro. Al pasear por China se encuentran monumentos arquitectónicos a cada paso. Ya sea un palacio, un monasterio, una pagoda o imágenes de Buda esculpidas en montañas. Es importantísimo tener la capacidad de volver a sorprenderse cada vez. De lo contrario se despilfarra una parte del viaje. Y lo planteo como un desafío porque uno se ve abrumado por la cantidad de edificaciones y es una tentación pensar que son todas iguales. No lo son. Cada una representa la particularidad cultural del momento y de la persona (léase emperador, monje o Dalai Lama) que la emprendió.

ciudad prohibida buda

Los edificios de los alrededores de la plaza (y la plaza misma) son una muestra de la influencia soviética. Son construcciones realizadas por la china comunista. Vale la pena visitarlos, pero el encanto de los mismos pasa por otro lado. Lo megalómano está presente. Por más comunistas que fueran los diferentes líderes del Partido Comunista, siguen siendo chinos y la los chinos la inmensidad los puede. Son obras monumentales pero no tienen la mística oriental que a uno le viene a la mente cuando piensa en China.

La Muralla

Acá voy a ser cruel con las expectativas de la mayoría de los lectores que tuvieron la paciencia de llegar hasta este punto del relato. La Gran Muralla es una pared grandota y larga. Desde ya les aclaro que es verso que se ve desde la luna o el espacio. Soy doblemente cruel al deschavarles que no es la original (fue reconstruida para la visita de Richard Nixon en los 70 y según dicen las malas lenguas no se respetó muy fielmente su antiguo diseño). Y al igual que los muros de hoy en día (Remeber Israel-Palestina o USA-México) las paredes grandotas y largas son símbolo del fracaso diplomático entre dos sociedades. Esta puntualmente, la construyeron para contener a los pueblos que no pudieron comprar los distintos emperadores en distintas épocas. De todas maneras, no se puede ir a Beijing y no traerse la fotito del paredón más famoso de China. En este post les dejo la que yo me traje.

la gran muralla china

La comida china

Los días que pasé en Beijing a mi llegada fueron como un pantallazo general por varios aspectos de la cultura china. Con la gloriosa excepción de la comida. Más que pantallazo con la comida china fue como hacer un doctorado en el tema. Al llegar a la Campus de la universidad donde vivía Rocío y descubrir el comedor universitario, con más de 50 puestos de comida, donde el plato más caro costaba 15 yuanes (algo así como $3 Argentos al cambio del momento) comprendí lo que debe sentir un musulmán al llegar a la meca. No llegué a convertirme al Islam pero puedo decirles que, si creen que comieron comida china por haber probado un “chaufan” con 2 arrolladitos primavera en Arribeños (Belgrano), no tienen ni la mas pálida idea de lo equivocados que están. Para ser gráfico comer en Arribeños y pensar que se comió comida china, es como tomar un feca con dos croissants en Atalaya y creerse experto en pastelería francesa.

Debo confesarles que peregriné por esos 50 puestitos día tarde y noche con la fe del converso (no quiero recordar demasiado porque corro el riesgo de padecer una polución nocturna esta noche). En la universidad había estudiantes de todos los rincones de china con lo cual había un puestito para el estilo de comida de cada rincón. Todavía puedo traer del recuerdo algunos sabores y texturas, de frutas que ni sabía que existían (Liulian, Mangostán, la fruta del dragón…). Intenté en vano mil veces reproducir la combinación de condimentos y especias que se paladeaban en las mesas de ese comedor. Al dejar Beijing camino al Tíbet me vi como Adán al dejar el paraíso mirando de reojo a los ángeles como intentando inspirar clemencia. Esa experiencia me sirvió para todo el viaje, con lo que allí aprendí, podía reconocer la comida que valía la pena desde 3 km de distancia en cualquier calle China.

comedor chino Shitang

Luego de este pantallazo por la cultura china que fue Beijing, nos subimos a un tren y en 40hs nos bajamos en Lhasa, la capital del Tíbet. Es tan grande el contraste con todo lo que vivimos en Beijín y con todo lo que alguna vez habíamos visto, que al bajarnos del tren sentimos como si hubiésemos viajado a través del tiempo hasta el siglo VI, VII o VIII. Pero como me fui a la mierda con el “Relato”, si es que alguno todavía sigue leyendo. Primero le agradezco por su constancia y trascartón le aseguro que si se llegó a entusiasmar con esta recorrida a vuelo de pájaro (o mejor dicho a vuelo de papagayo) por Beijing, mucho más le va a gustar recorrer Tíbet con nosotros.

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