Desmitificando Ciudad del Este

Desde hace muchos años “Ciudad del Este” fue un destino que me generó intriga. Como tecnófilo y amante de las ofertas, siempre me resulto atractiva dicha conjunción y parecía una visita ineludible si uno pensaba en ir a conocer las cataratas del Iguazú….

Hace un tiempito decidimos con mi esposa conocer las cataratas en formato de viaje “sin niños” y lo primero que se me vino a la mente fue conocer Ciudad del Este. Claro, al saber lo poco que atraía este lugar a mi mujer, lo fui mencionando a modo de chiste, pero siempre con cierta esperanza de persuadirla. Sin embargo, a medida que el tiempo fue pasando, los comentarios recibidos me fueron desalentando, salvo contadas excepciones. Al momento de empezar el viaje, la excursión estaba completamente fuera de itinerario y yo no iba a hacer demasiado para incluirla.

Luego de dos días en cataratas, y en vistas de que no nos quedaba mucho por recorrer, mi mujer en un acto de arrojo y de amor me deslizó : “Si querés ir a ciudad del este, mañana podríamos hacerlo”. Intentamos desde un móvil reservar la excursión pero no nos dejaba hacerlo de un día para el otro, por lo que me dirigí a conserjería para pedir indicaciones.

“Acá a una cuadra y media hay una terminal, los micros salen cada media hora y cuestan 35 pesos”

Al día siguiente, tomamos un ligero desayuno del hotel y nos dirigimos a la terminal. Pregunté a alguien que salía y nos dijo “ANDEN 7”. Allá fuimos…

Al llegar al anden un hombre exagerada y misteriosamente amable nos consultó acerca de qué electrónico queríamos comprar y me invitó a acercarme al barcito que estaba a 5 metros del andén porque un señor nos podía recomendar algo.

Al cruzar la puerta, me transporte a 1990, inmediatamente. El bar en cuestión lucía exactamente igual a uno de la terminal de Mar del plata hace 26 años. Las sillas altas atornilladas al piso, con una cuerina marrón inmaculada. Este señor, de unos 60 años me tomo del hombro y me dijo, casi sin respirar:

“Si vas a comprar electrónica, anda al local de mi amigo… Es un tipo bueno, de esos no hay muchos…Guarda con los turcos, te cagan…los turcos siempre te cagan pero mi amigo es buen tipo…te vende todo con garantía… Andá ahí eh, decile que vas de mi parte…Yo ya estoy salvado, no es por una cometa, ni nada… Andá a lo de mi amigo”

Llegó el micro, por así decirlo. Un micro de chapa, para unos 35 pasajeros sentados, con un molinete para ingresar y algunos olores particulares. Nos subimos, nos sentamos y nos empezamos a mirar raro. Se fue llenando y luego de 10 eternos minutos se dispuso a arrancar.

El micro hacía un ruido ensordecedor, que se acentuaba en las pendientes. A esa altura, a cinco minutos de arrancar, tirarse por la ventana empezaba a ser una opción válida. Tardamos diez minutos en llegar a la frontera, nos bajamos para ir a la pequeña oficina de migraciones. Hicimos la fila, entregamos nuestros DNIs y volvimos a subir. Por supuesto, al volver a entrar no quedaban lugares, por lo que tuvimos que viajar parados. A los 20 minutos de viaje, el calor nos fue abrazando, el ruido del motor ya era un tábano y los olores tenían la patria potestad de nuestras narices. Si, claro, ya sabíamos que habíamos cometido un error al decidir ir, pero NI SIQUIERA HABÍAMOS LLEGADO. Luego de 40 minutos mas, vislumbramos, detrás de un río y su respectivo puente, la (a esta altura muy poco) ansiada Ciudad del Este.

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“Hemos sufrido un desperfecto, si  quieren pueden seguir a pie”

ciudad del este

Claro, ese micro era una bomba de tiempo. Quizás, ni siquiera el mustio micro quería llegar a ese Descalabro estético que es Ciudad del este. Sea cual fuera la razón de la detención, no tuvimos alternativa que cruzar el puente a pie. Con mi esposa nos tomamos de la mano, como quien se dispone a enfrentar una situación espantosa, y lo cruzamos. Al llegar, contemplamos la ciudad. Carezco de adjetivos para describirla, pero lo mas parecido podría ser “Post apocalíptico”. Stands apilados, gente que grita, locales clonados uno al lado del otro, caos vehicular, olor feo y personas que te dicen “Iphone, electrónicos” “qué queres comprar” “vení que te muestro los precios”. Yo me había fijado en Tripadvisor los mejores shoppings o locales para visitar. “Mona lisa” era el puesto número uno, y yo lo tomé como un norte.

Estaba a dos cuadras de donde estábamos. Caminamos las dos cuadras esquivando personas, motos, insistentes y puestitos. Mona Lisa es un precioso shopping. Tiene 7 pisos, rico perfume, vendedores bien vestidos, aire acondicionado y música funcional. Lo único que le falta, son buenos precios. Menudo detalle en ese lugar, pero de todos modos fue una inyección de energía en el medio del periplo. Al menos nos hizo olvidar por unos minutos lo espantoso de esa ciudad. Salimos de allí y fuimos a un local que estaba a 50 metros: “Cell Shop”. Este tampoco lucía tan mal y en materia de precios estaba un poco mejor acomodado. Sin embargo, para lo esperado, no había nada sustancialmente mas barato. Supongo que para hacer una gran diferencia hay que apuntarle a los puestitos, regatear y arriesgar a que en la caja de una videocámara no te pongan un ladrillo cuando pestaneás. Media hora de recorrer el segundo y último local de nuestra expedición y se sucede el siguiente diálogo

X – “Qué es lo que estamos mirando”
Y – “La verdad que no sé, vamos?”
X – “YA”

Nos tomamos de la mano y salimos a la ¿CALLE?. Me detuve al ver un oficial y le pregunté cómo volver a pto iguazú. Su respuesta fue taxativa: “caminá hasta la frontera, parate abajo del tinglado y esperá ahí el micro”

Caminamos las dos cuadras de rigor y nos detuvimos en el bendito tinglado. En los 15 minutos de espera, se acercaron no menos de diez taxistas a ofrecernos sus caros servicios y, lo que parece ser el transporte mas habitual, las MOTO TAXIS. Divisamos el micro de chapa, con los mismos tripulantes y nos metimos nuevamente, sin pensarlo dos veces.

El viaje de vuelta fue un letargo, pero con la esperanza de volver a la civilización, se hizo mas transitable. Habíamos perdido una mañana, pero habíamos ganado en complicidad. Habíamos también sumado una buena anécdota a nuestro repertorio, pero fundamentalmente, entendí que mi misión era evangelizar, en adelante, a quien quiera que me cruce: NO VAYAS A CIUDAD DEL ESTE.-

Como conclusión, amén del relato, está bueno aclarar lo siguiente:

  • Estéticamente la ciudad no tiene nada para ofrecer. La gente que va, sólo lo hace para conseguir buenos precios.
  • En materia de precios , si , es mas barato que Buenos Aires, pero no es nada comparado con EEUU, pero sin llegar a tanto en distancia y precio de pasajes, NO ES MAS BARATO QUE CHILE

 

 

 

2 thoughts on “Desmitificando Ciudad del Este

  1. La verdad que para decir que la ciudad no tiene nada que ofrecer y fuiste solo hasta Monalisa, siendo que este shopping no está muy lejos de la aduana, estás equivocado socio. El conurbano y la parte residencial de la ciudad es totalmente diferente a la comercial. Te invito a que vayas de nuevo, la ciudad es más grande de lo que te imaginas y seguro que conoceras la “civilización” que hay más allá de la zona comercial.

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