Alergia, viajes y libertad

Si tuviera que buscar características que me definen, SER alérgico, seria una de las primeras. Hace unos 15 años que convivo con una cruz que condiciona absolutamente todos mis días. Todos los lácteos le hacen mucho daño a mi organismo , desde hace 15 años. Por supuesto, seria muy fácil evitar la ingesta si siempre fuese voluntario, pero los lácteos se esconden en preparaciones, se camuflan, contaminan todo. Es por esta razón que, aún tratando de evitarlo , y tomando todos los recaudos, sufro dos o tres episodios al mes. Cada vez que voy a comer algo, lo hago con la duda de que un rato mas tarde pueda transformar mi vida en un infierno. Las personas que más me quieren lo demuestran mirando los ingredientes de cada cosa y adaptando recetas a mi gusto.

Hace unos años tuve la fortuna de poder ir a Disney con mi familia. Maneje mi alergia con cierta torpeza, incluso con cierta vergüenza. Intente simplemente elegir en cada comida lo que menos chances tenía de tener ingredientes que me hicieran mal. No me fue tan mal, en ese viaje, pero un día, un mágico día tuve un golpe de suerte. Al momento de pedir la comida nos indicaron que los postres incluidos en el combo había que elegirlos en una panadería que estaba al fondos del salón. La vitrina estaba plagada de mousse y chocolate, pero aun así tome coraje de preguntar y rebelarme a la constante de ver a todos comer postre. La conversación fue así:

– “de casualidad habrá algo que no tenga lechera ni manteca?”
– “nada acá tiene nada de lácteos “
– “dame uno de esos, otro de esos, dos de esos”
El lugar en cuestión se llamaba Babycakes. Es una panadería ve vegana y gluten free, que preparan cosas increíbles con alimentos infrecuentes. Esa tarde redes redescubrí sabores que había olvidado. Esa tarde fui libre.

Con el tiempo fui entendiendo que no soy el único alérgico y perdiendo cada vez un poco mas la vergüenza de ser muy explícito con las cosas que me hacen mal al momento de pedir comida.

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Hace unos días encaramos con mi familia un nuevo viaje a Disney. Desde el primer día, cada vez que fui a pedir comida dije la palabra mágica “soy alérgico”. Ya en el primer restaurant, me sacaron al chef a hablar conmigo. Tuvimos una pequeña charla para entender los alcances de lo que me hace mal. Ahí mismo, sacó de un film un cuchillo y un plato y se puso a cocinar para mí.

En los parques fue aún más cómodo. Al momento de pedir te dan un menú separado con cada alergia (maní, lácteos, huevo, etc) con los platos permitidos en cada caso. El pedido en cuestión lo prepara el chef, con cubiertos nuevos y se despacha por otra ventana, con un distinto color de bandeja. El resultado fue óptimo: 15 días sin accidentes, comiendo rico y sobre todo sin miedo. Por supuesto, como corolario, volvimos a la milagrosa panadería y me lleve una caja con postres para mi estadía. La misma cambió de nombre: ERIN MCKENNA’S BAKERY NYC

Si tenes alguna alergia alimenticia, decirlo cada vez, no te sientas sólo, somos un montón. Si vas a Disney, vas a ser muy feliz.

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