Declaración de amor sesgado

Amanecí con una revelación. Hoy es un domingo particular, de esos que te ordenan las ideas. Las cosas no son casuales, o al menos algunas no lo son.

Todo arrancó un domingo 11 de diciembre de 1994 cuando mi padre decidió llevarme a conocer los túneles secretos de la manzana de las luces. Yo no tuve opción de negarme, aunque me hubiera encantado hacerlo, así que allá fuimos. No entiendo cómo hizo para soportarme, yo estaba absolutamente negado, con la atención disminuida, tirando para atrás , hasta que paso un señor con remera celeste y una radio pegada a la sien. El fue, sin saberlo, el encargado de cambiar mi tarde, mi actitud y, muy probablemente, mi vida. Me dijo que River había goleado a Boca 3-0 con goles de Ortega, Francescoli y Gallardo. Entramos a esos túneles, que me enamoraron y La manzana de las luces se transformó en una de las primeras respuestas que se me vienen a la cabeza ante la pregunta de porque amo a Buenos Aires.

Pero no solo amo Buenos Aires, también amo a la gran manzana, y la ciudad que nunca duerme (porque no apaga sus luces).

De ahí deviene mi revelación. Tengo la mala e intensa costumbre del amor sesgado. Mi atención y mi disfrute depende de muy pocos factores. Son pocas las cosas que me cambian la energía. Pero por sobre todo, tengo la pésima costumbre de anular todo lo que pasa al costado de lo que estoy amando. No podría haber disfrutado del paseo sin saber que le había ido bien a mi equipo amado, pero por sobre todo a mis jugadores dilectos.

Nueva York llegó a mi vida en mi mejor momento. Me abracé a ella en mi luna de miel. La gran manzana, tenía muchas luces 20 años después, y mi mujer era ese River.

Central Park

Llegue ahí en noviembre, un mes de café en mano, atisbo de nieve, canciones navideñas y paso apresurado. La primera decisión a tomar fue como llegar del aeropuerto al hotel. La decisión fue simple, tomamos un shuttle que nos dejaría en el hotel. Tenía la dicotomía de mirar por la ventana e ir chusmeando o cerrar los ojos para conocerla como lo había soñado (con una larga bufanda , caminando , y con un café en la mano).

La primera impresión superó a lo que yo esperaba. Dejamos el equipaje en el hotel,nos abrigamos y salimos. Sólo nos llevo 40 metros sentir que estábamos en una película. Entre a una cafetería y 5 minutos después ya estaba preparado para cumplir mi sueño.

Manhattan es una ciudad de turistas. Nadie vive realmente ahí. Todos somos actores secundarios y protagonistas a la vez. Su encanto radica en la multiplicidad de historias cruzadas en simultáneo. Todos caminamos con distinto ritmo.

Pienso que hay dos ciudades distintas para ser turista. Una es la de reglamento, con los puntos inevitables de turismo. No está mal subir al Empire State, ni tomar el ferry a la estatua de la libertad.

La otra ciudad, indispensable, tiene que ver con el tiempo. Cada persona que viaje verá un Nueva York distinto:
* Buscar lugares de películas
* Caminar sus calles y perderse
* Disfrutar de su gastronomía
* Comprar en la quinta avenida
* Explorar reductos de Jazz

En Nueva York hay para todos. Es la ciudad a medida para cualquier persona

Por esto y por todo esto es que sangro esta declaración de amor sesgado a mi amada gran manzana de las luces.

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